martes, 31 de enero de 2012

CON FINAL FELIZ

      No sé cómo acabé yo allí sola, sola, en aquel patio de piedras grandes y antiguas. Estaba hundida, con esa tristeza bella que sólo pueden tener los adultos jóvenes o semi- adolescentes. Me dije a mí misma: "si viene ahora, mientras cuento hasta diez, será porque vamos a vivir nuestra vida juntos". Y apareciste tú, que no estabas solo pero que llegabas sin compañía. Venías sonriendo, sin nervios, sin imaginarte nada de nada, acompañado únicamente de tu simpatía.
Mírate ahora, abrazándome por las mañanas, mirándome con ternura, acompañándome en todos y cada uno de los recorridos.


      En aquella sala había muchas sillas, muchas personas sentadas y una que faltaba. Yo estaba aburrida, no me interesaba lo que veía ni lo que escuchaba. Entraste por la puerta y mi corazón dio un brinco, sin aviso previo; se me iluminó la vida y, de la nada, apareció un pensamiento dirigido a ti: "¿sabes que vas a ser el padre de mis hijos?". Menos mal que no escuchaste aquéllo porque fue tan impertinente que hasta me asustó a mí.
En la puerta hay dos niños esperándote todos los días. A ti te llaman papá y a mí mamá.


      Después, como por magia, todo mejoró hasta el infinito, hasta lo máximo que puede mejorar la vida de una persona. Un día me dijiste: "Y nos iremos descubriendo arrugas nuevas en la cara, pero nos vamos a mirar en los mismos ojos cada día, todos los días..". Sé que no lo recuerdas, tú no eres de ese tipo de persona...pero yo sí, y no lo olvido.







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